Nasdaq recibió autorización para avanzar con valores tokenizados y la SEC analiza marcos más amplios para estos instrumentos. La tecnología podría cambiar la forma de registrar, transferir y liquidar activos financieros, aunque todavía existen interrogantes regulatorios y de protección al inversor.
Durante años, blockchain estuvo prácticamente asociada a una sola palabra: criptomonedas. Pero una transformación menos visible empieza a producirse dentro del sistema financiero tradicional: utilizar blockchain para representar activos que ya existen.
El mecanismo se denomina tokenización.
Una acción, un bono, un fondo o incluso determinados derechos sobre activos reales pueden representarse mediante tokens digitales cuyo registro se mantiene total o parcialmente sobre redes blockchain. La propia Securities and Exchange Commission estadounidense describió formalmente estas estructuras en enero de 2026.
Uno de los hitos llegó en marzo, cuando la SEC autorizó a Nasdaq a avanzar con negociación de valores tokenizados. El esquema permite que determinados instrumentos puedan negociarse como acciones tradicionales o en formato digital basado en blockchain, manteniendo la liquidación dentro de la infraestructura regulada del mercado.
La Bolsa de Nueva York también avanza. NYSE se asoció con Securitize para desarrollar infraestructura destinada a securities tokenizados y crear mecanismos institucionales para emitir y transferir este tipo de instrumentos.
Mientras tanto, la SEC estudia marcos adicionales para que plataformas tecnológicas y compañías del ecosistema cripto puedan ofrecer acciones tokenizadas. Coinbase, por ejemplo, ha manifestado interés en ingresar en ese negocio cuando exista claridad regulatoria suficiente.
¿Por qué transformar una acción en un token si la acción ya puede comprarse digitalmente?
Porque digitalización y tokenización no son exactamente lo mismo.
Cuando un inversor compra una acción desde una aplicación, detrás continúan funcionando múltiples sistemas de registro, custodia, compensación y liquidación. Blockchain permite imaginar una infraestructura donde propiedad y transferencia puedan registrarse de manera programable y potencialmente operar durante más horas, con liquidaciones más rápidas y mayor automatización.
Además, los activos pueden fraccionarse. Eso podría permitir representar pequeñas participaciones sobre inversiones que históricamente requieren tickets elevados.
El impacto potencial excede las bolsas. Real estate, commodities, deuda privada, facturas comerciales, fondos de inversión y activos empresariales pueden formar parte de la misma tendencia.
Para una pyme, por ejemplo, un futuro mercado tokenizado podría facilitar nuevas formas de financiar activos o estructurar participaciones. Para un inversor, permitiría acceder a instrumentos con unidades más pequeñas. Para instituciones financieras, podría reducir determinadas conciliaciones y tareas administrativas.
Pero todavía existen problemas importantes.
No todos los tokens otorgan los mismos derechos que el activo original. Algunos representan directamente un valor financiero; otros solamente replican económicamente su comportamiento. Custodia, derechos políticos, dividendos, quiebra del emisor y protección del inversor pueden variar de manera sustancial según la estructura.
Por esa razón, regulación e infraestructura probablemente determinarán qué modelos sobreviven.
La verdadera innovación no consiste simplemente en poner una acción dentro de una blockchain. Consiste en reconstruir partes del sistema que actualmente hacen posible comprarla, venderla, custodiarla y transferirla.
Blockchain empieza así a atravesar una transición significativa: de crear activos puramente digitales a modificar la infraestructura de activos tradicionales. Y cuando Nasdaq, NYSE, SEC y algunas de las mayores compañías financieras comienzan a trabajar sobre el mismo concepto, la tokenización deja de ser una conversación exclusiva del universo cripto para convertirse en una discusión sobre el futuro de los mercados.
