Novartis apuesta hasta US$3.220 millones por una tecnología que puede transformar infusiones en inyecciones bajo la piel

septiembre 4, 2026
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La farmacéutica suiza firmó un acuerdo con la surcoreana Alteogen para utilizar su plataforma Hybrozyme. La tecnología permite reformular determinados medicamentos biológicos que actualmente requieren administración intravenosa y convertirlos en tratamientos subcutáneos más simples. El negocio no consiste en descubrir una nueva droga, sino en mejorar radicalmente cómo se entrega una existente.

La innovación farmacéutica suele asociarse con descubrir una molécula nueva.

Pero existe otro mercado multimillonario: hacer que un medicamento existente sea más fácil de administrar.

Novartis firmó un acuerdo con la biotecnológica surcoreana Alteogen que puede alcanzar hasta US$3.220 millones si se ejercen todas las opciones y se cumplen los hitos de desarrollo y comercialización establecidos.

El acuerdo le otorga a Novartis múltiples opciones para obtener derechos exclusivos sobre la tecnología Hybrozyme, basada en la enzima ALT-B4, y utilizarla en distintos productos.

¿Para qué sirve?

Muchos grandes medicamentos biológicos deben administrarse actualmente mediante una infusión intravenosa. Eso puede implicar acudir a una clínica, ocupar un sillón, utilizar personal sanitario y permanecer conectado a un sistema de infusión.

La alternativa es intentar llevar el producto directamente debajo de la piel.

Pero el cuerpo presenta una barrera física: los tejidos subcutáneos no permiten fácilmente introducir grandes volúmenes de medicamento.

ALT-B4 —berahyaluronidase alfa— actúa degradando temporalmente el hialuronano, una sustancia presente naturalmente en los tejidos. Eso permite que determinadas drogas puedan dispersarse y absorberse con mayor rapidez después de una inyección subcutánea.

En otras palabras, Alteogen no necesariamente desarrolla el medicamento que combate la enfermedad.

Desarrolla la tecnología que cambia la manera en que ese medicamento entra al cuerpo.

Y esa diferencia vale miles de millones.

Para las farmacéuticas, convertir una terapia intravenosa en una formulación subcutánea puede aportar varios beneficios simultáneos.

El paciente puede pasar menos tiempo dentro de una institución. Los hospitales pueden liberar capacidad. La administración puede simplificarse y, en determinadas circunstancias, una reformulación puede extender el ciclo comercial de un producto mediante nueva propiedad intelectual y diferenciación frente a competidores.

El modelo de Alteogen muestra además una característica especialmente atractiva dentro de la biotecnología: una plataforma puede licenciarse varias veces.

El acuerdo con Novartis fue el cuarto contrato de este tipo firmado por la compañía durante 2026. ALT-B4 ya se utiliza además en Keytruda Qlex, la formulación subcutánea del medicamento oncológico Keytruda de Merck, aprobada por la FDA durante 2025.

Para una startup científica, esa estructura resulta poderosa.

En lugar de apostar todo el valor empresarial a que una única molécula supere ensayos clínicos, la compañía puede convertirse en proveedor tecnológico de múltiples farmacéuticas.

Es una lógica semejante a vender una plataforma.

Cada cliente aplica la herramienta sobre medicamentos diferentes y el propietario de la tecnología puede recibir pagos iniciales, hitos de desarrollo y eventualmente regalías vinculadas con ventas.

El caso también permite observar una transformación más amplia de la industria de la salud.

Durante años, el centro de la innovación estuvo casi exclusivamente en qué medicamento podía tratar una enfermedad.

Cada vez importa más también cómo se administra, dónde se administra y cuánto cuesta todo el proceso alrededor de esa dosis.

En un sistema sanitario saturado, ahorrar tiempo de hospital puede tener valor económico incluso aunque la molécula sea exactamente la misma.

Por eso Novartis puede comprometer miles de millones sin estar comprando una nueva terapia.

Está comprando opciones sobre algo potencialmente igual de valioso:

la posibilidad de transformar productos complejos en tratamientos más simples de usar.

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