Moonshot AI negocia alojar Kimi K3 en las principales plataformas cloud estadounidenses y pretende recibir hasta 30% de los ingresos generados por su utilización, según Reuters. Si se concreta, mostraría que la próxima batalla de la inteligencia artificial no será solamente tecnológica: también será por los canales de distribución.
En software, construir un gran producto nunca fue suficiente.
También había que conseguir distribución.
La inteligencia artificial empieza a encontrarse con el mismo problema.
La startup china Moonshot AI mantiene conversaciones preliminares con Microsoft, Amazon y Google para que su modelo Kimi K3 sea ofrecido a clientes desde Azure, AWS y Google Cloud, según fuentes citadas por Reuters. Moonshot busca obtener hasta 30% de los ingresos generados por los servicios relacionados con su modelo. No existe todavía un acuerdo cerrado y las negociaciones podrían no prosperar.
Si finalmente se concreta alguna operación, sería relevante porque podría convertirse en uno de los primeros grandes esquemas de revenue sharing entre una empresa china de inteligencia artificial y un proveedor cloud estadounidense.
Kimi K3 tiene 2,8 billones de parámetros según la escala larga utilizada en español —2.8 trillion en inglés—, y su tamaño hace especialmente difícil que una empresa común lo ejecute utilizando infraestructura propia. Esa característica vuelve a las grandes nubes un canal comercial decisivo.
Ahí aparece el negocio.
Una empresa que necesita incorporar un nuevo modelo probablemente no quiera comprar servidores, instalar miles de chips, gestionar actualizaciones y desarrollar desde cero toda una infraestructura. Quiere poder seleccionarlo desde la misma consola cloud que ya utiliza para sus bases de datos, almacenamiento o aplicaciones.
El cloud funciona entonces como el supermercado de la inteligencia artificial.
Quien consigue aparecer en esa góndola gana acceso inmediato a miles de clientes corporativos.
Esa lógica ayuda a explicar por qué Moonshot estaría dispuesta a compartir una proporción importante de los ingresos. La compañía puede tener tecnología competitiva, pero Microsoft, Amazon y Google poseen relaciones comerciales construidas durante décadas con bancos, retailers, industrias, gobiernos y compañías de prácticamente todos los sectores.
Los asuntos todavía en discusión incluyen cómo dividir los ingresos, qué información podrían recibir las partes y cómo auditar el consumo de tokens, según Reuters.
El caso tiene además una inevitable dimensión geopolítica.
Estados Unidos y China mantienen restricciones y disputas sobre semiconductores, propiedad intelectual y acceso a tecnologías avanzadas. Moonshot ha rechazado acusaciones estadounidenses sobre determinadas prácticas tecnológicas y continúa expandiendo su actividad. La compañía, fundada en 2023 y respaldada por inversores como Alibaba, recaudó más de US$2.000 millones durante mayo, según Reuters.
Para los empresarios, sin embargo, hay una lectura que va más allá de China.
El mercado de IA puede terminar pareciéndose más al streaming o a los marketplaces de aplicaciones que a la era de un único proveedor dominante.
Una empresa podría seleccionar un modelo estadounidense para determinada tarea, uno europeo para otra y uno chino para un proceso donde precio o rendimiento sean mejores.
El proveedor cloud se convertiría en intermediario, aportando cómputo, seguridad, facturación y distribución.
Eso cambia dónde se captura el valor.
El fabricante del modelo recibe ingresos. El proveedor de chips vende infraestructura. El cloud cobra por ejecutar las operaciones. Y eventualmente una plataforma superior decide automáticamente qué modelo conviene utilizar.
La inteligencia artificial comienza así a generar una cadena de distribución propia.
Kimi K3 todavía debe superar cuestiones comerciales, regulatorias y geopolíticas para alcanzar una adopción significativa entre compañías occidentales.
Pero las conversaciones muestran algo importante.
La batalla ya no es simplemente quién construye la IA más inteligente.
También es quién consigue colocarla delante de los clientes que están dispuestos a pagar por ella.
