La compañía china invirtió en Unitree y ambas acordaron trabajar juntas en inteligencia artificial incorporada a robots. El objetivo es resolver uno de los grandes desafíos tecnológicos de los próximos años: que las máquinas no solo comprendan instrucciones, sino que puedan ejecutar tareas en el mundo físico.
Durante los últimos años, la inteligencia artificial aprendió a escribir, programar, generar imágenes y analizar enormes volúmenes de información. El próximo desafío puede ser considerablemente más complejo: hacer que esa inteligencia pueda caminar, manipular objetos, comprender un entorno y actuar dentro de él.
La startup china DeepSeek decidió avanzar en esa dirección mediante una inversión de 140,8 millones de yuanes —unos US$20,8 millones— en Unitree, uno de los fabricantes de robots humanoides más conocidos de China. La operación se produjo en el marco de la salida a bolsa de la compañía de robótica.
El acuerdo contempla además colaboración tecnológica. DeepSeek aportará capacidades vinculadas con modelos de inteligencia artificial mientras Unitree contribuirá con robótica, control de movimiento, hardware y datos procedentes del mundo físico. Ambas compañías buscarán desarrollar tecnologías de embodied intelligence o inteligencia incorporada.
Unitree llega a esta etapa después de un crecimiento acelerado. La compañía registró ingresos por 1.700 millones de yuanes durante 2025, más de cuatro veces el nivel del año previo, y sus robots humanoides generaron más ingresos que sus tradicionales robots cuadrúpedos. Su IPO fue valuada en aproximadamente US$9.000 millones.
El entusiasmo del mercado también fue extraordinario: la oferta recibió una demanda masiva de inversores minoristas. Sin embargo, detrás de las valuaciones existe una pregunta mucho más importante para la industria: ¿puede un robot pasar de realizar demostraciones impresionantes a ejecutar tareas económicamente útiles durante miles de horas?
Ese es el gran cuello de botella.
Un modelo de lenguaje puede entrenarse con textos disponibles en Internet. Un robot necesita datos sobre gravedad, fricción, objetos, movimientos, espacios y errores físicos. Para aprender a tomar una caja, abrir una puerta o moverse dentro de una fábrica necesita experimentar situaciones cuya generación resulta mucho más cara.
Unitree está recopilando precisamente ese tipo de información mediante pruebas en las que operadores humanos guían robots y generan datos sobre movimientos y situaciones reales. DeepSeek, por su parte, aporta una capacidad que todavía debe trasladarse plenamente al universo físico: hacer que una máquina interprete contexto, razone sobre una situación y decida qué hacer después.
Para las empresas, el punto de interés no debería ser imaginar inmediatamente androides reemplazando empleados. Las primeras aplicaciones económicamente razonables probablemente aparecerán en tareas específicas: depósitos, fábricas, inspección, logística interna, mantenimiento, seguridad o manipulación de materiales.
El cambio puede ser similar al que atravesó la inteligencia artificial digital. Primero aparecieron experimentos. Después, herramientas específicas. Finalmente comenzaron las integraciones dentro de procesos reales.
La inteligencia artificial física puede convertirse en una nueva capa de automatización empresarial. Y allí la combinación entre compañías de software y fabricantes de robots cobra sentido: ninguna de las dos tecnologías alcanza por sí sola.
DeepSeek y Unitree están intentando unir esos dos mundos. Si esa convergencia funciona, la próxima revolución de la IA posiblemente no ocurra dentro de una computadora. Puede estar caminando por un depósito, una fábrica o un centro logístico.
