Ciberseguridad empresarial en 2026: riesgos crecientes por el uso indiscriminado de inteligencia artificial

septiembre 1, 2026
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El acelerado avance de la inteligencia artificial (IA) generativa en el ámbito corporativo está creando un escenario complejo para la ciberseguridad empresarial. Si bien estas tecnologías permiten automatizar procesos y aumentar la productividad, también amplían la superficie de ataque para los ciberdelincuentes, generando nuevas vulnerabilidades difíciles de controlar.

Una investigación reciente de WatchGuard Technologies detectó que el 64% de los empleados en pequeñas y medianas empresas emplean herramientas de IA no autorizadas, fenómeno denominado «shadow AI». Estas aplicaciones ingresan al entorno laboral sin supervisión de los responsables de tecnología, exponiendo a las organizaciones al riesgo de fuga de información sensible y exposición no controlada de datos corporativos.

Visibilidad y gobernanza: claves para la seguridad

El problema se agrava por la falta de visibilidad dentro de las compañías sobre las aplicaciones y extensiones que utilizan sus empleados. Menos del 30% de los consultados considera que su empresa mantiene un registro preciso del software utilizado, y casi el 40% reconoce que no dispone de información completa sobre estas herramientas.

Este escenario redefine el concepto tradicional de seguridad informática, donde el riesgo ya no se limita a los firewalls o servidores vulnerables, sino que también surge a partir del uso cotidiano de IA por parte de los empleados, sin controles adecuados. Consultas a plataformas de IA, extensiones de navegador o agentes autónomos con permisos excesivos se transforman en puertas de acceso para atacantes.

“Las organizaciones están invirtiendo en herramientas de seguridad, pero muchas siguen sin tener visibilidad sobre cómo trabajan realmente sus empleados.”

Marc Laliberte, director de Operaciones de Seguridad de WatchGuard

El rápido ritmo de adopción tecnológica supera la capacidad de las empresas para implementar políticas efectivas de gobernanza. Empleados utilizan plataformas públicas para resumir documentos, generar textos o programar, a menudo sin considerar que pueden estar compartiendo información confidencial, propiedad intelectual o credenciales corporativas.

Un informe de Check Point Research reporta que en mayo de 2026 cada organización usó en promedio nueve herramientas distintas de IA generativa, mientras que cada usuario hizo unas 70 consultas mensuales. Un dato alarma: una de cada 25 consultas tuvo un alto riesgo de desprender datos sensibles, afectando al 91% de las organizaciones que adoptan estas soluciones.

La inteligencia artificial en manos de atacantes

La IA no solo representa un desafío por su uso interno, sino también porque los ciberdelincuentes la utilizan para perfeccionar ataques de ingeniería social y phishing. La tecnología elimina muchas señales tradicionales de fraude, como errores ortográficos o saludos impersonales, lo que dificulta la detección por parte de empleados.

El Foro Económico Mundial estima que el 94% de los profesionales en ciberseguridad consideran a la IA como el motor principal de cambio en las amenazas actuales. Desde fines de 2022, los ataques de phishing basados en IA crecieron un 1.265%, mientras que en América Latina fraudes avanzados que combinan ingeniería social con elementos generados por IA aumentaron un 180%.

En Argentina, pese a una caída del 20% en incidentes generales reportados, las estafas de ingeniería social crecieron un 183%, y el uso de deepfakes aumentó un 66% interanual, mostrando que los ataques se vuelven más sofisticados y dañinos.

La IA facilita la creación de mensajes en múltiples idiomas que suenan auténticos, la clonación de voces para simular llamadas y la generación de identidades sintéticas para burlar controles de validación. Sergio Oroña, CEO de SparkFound, afirma que “la defensa no puede depender de que un empleado detecte un error de tipeo; debe basarse en un equipo y tecnología que monitoreen las 24 horas”.

Además, emergen nuevos métodos de ataque vinculados con IA, como vibe hacking, CursorJacking y CometJacking, que manipulan código y extensiones para filtrar información, explotar vulnerabilidades o ejecutar instrucciones maliciosas sin intervención directa del usuario.

El desarrollo de agentes autónomos de IA, que actúan con permisos extendidos, representa un riesgo adicional si no existen controles rigurosos, ya que pueden ser usados para acceder a recursos corporativos sensibles sin supervisión.

“La IA ya no es solo un motor que impulsa la productividad, sino un colaborador directo con acceso a los activos más valiosos de la empresa.”

Or Eshed, vicepresidente de Ingeniería y productos de seguridad empresarial de Akamai

El impacto del factor humano sigue siendo central. Según WatchGuard, el 76% de los empleados reutiliza contraseñas en múltiples cuentas y el 30% admite compartirlas, mientras el 70% usa redes Wi-Fi públicas sin protección adecuada. La tendencia hacia el trabajo remoto y mixto aumenta la exposición, ya que más de la mitad accede a recursos corporativos sin conexión segura y emplean dispositivos laborales para actividades personales.

En este contexto, Argentina registró en mayo un promedio de 2.470 ciberataques semanales por organización, un 9% más que el año anterior, situándose detrás de Colombia, Brasil y México en Latinoamérica. A nivel global, el ransomware experimentó un aumento del 48% interanual en el mismo período.

Ante estas amenazas, las empresas deben transitar hacia una estrategia de seguridad basada en visibilidad, gobernanza y monitoreo permanente. Esto implica definir qué herramientas de IA están autorizadas, qué información puede compartirse y con qué permisos interactúan los agentes autónomos.

Medidas recomendadas incluyen la autenticación multifactor, gestión de contraseñas, conexiones seguras y capacitación continua para usuarios. Además, es clave supervisar de cerca al 5% de empleados con mayor interacción de riesgo con IA y controlar extensiones del navegador y aplicaciones SaaS usadas en el entorno laboral.

Finalmente, se sugiere adoptar modelos como Zero Trust y reemplazar controles estáticos por sistemas que analicen en tiempo real el contexto de las interacciones con herramientas de inteligencia artificial para responder eficazmente a las amenazas emergentes.

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