En tiempos donde casi todo empuja a quedarse en casa —delivery, streaming, compras online y trabajo remoto— una aplicación argentina decidió ir en sentido contrario: premiar a las personas por caminar.
Se llama Pasito y fue creada por Santiago Schamberger, junto a un equipo de apenas tres personas. La propuesta es simple: cada 1.000 pasos, el usuario suma un punto dentro de la aplicación. Luego, esos puntos pueden canjearse por premios en comercios adheridos, como cafés, medialunas, entradas al teatro, cine, clases de yoga o distintas experiencias.
La idea nació de una necesidad personal. Schamberger, desarrollador de software, pasaba muchas horas en su casa y quería crear algo que incentivara a la gente a salir, moverse y redescubrir la ciudad. “Caminando pasan cosas lindas”, resume como espíritu del proyecto.

El modelo también busca resolver un problema para los comercios. En lugar de competir solo en redes sociales o gastar en publicidad difícil de medir, los locales pueden atraer personas concretas a sus espacios ofreciendo un producto simple. Según contó el emprendedor, cerca del 78% de los canjes dentro de Pasito terminan generando una compra extra.
La respuesta fue rápida. Antes incluso de tener la app disponible, ya se habían sumado unos 60 comercios. Hoy la plataforma cuenta con alrededor de 120 locales adheridos y alcanzó los 90.000 usuarios, con un crecimiento que, según su fundador, llegó a ser de 10.000 usuarios por día.
Por ahora, Pasito funciona principalmente en la Ciudad de Buenos Aires, especialmente en el corredor norte, aunque la aplicación puede descargarse en todo el país. La idea del equipo es expandirse primero a otras ciudades argentinas y luego llevar el modelo a Latinoamérica.
El negocio todavía está en etapa inicial. Schamberger explicó que hoy no están monetizando la app y que a los primeros comercios que confiaron en el proyecto no les cobrarán. A futuro, imaginan ingresos por publicidad, posicionamiento dentro de la aplicación, activaciones con marcas y experiencias offline.
Más allá de los premios, el fenómeno parece tener otro atractivo: la comunidad. Muchos usuarios no caminan solo para canjear algo, sino para motivarse, competir con amigos o familiares y sentirse parte de un juego cotidiano.
En una época de pantallas, encierro y vínculos cada vez más digitales, Pasito propone algo tan básico como disruptivo: salir a caminar. Y, de paso, volver a mirar la ciudad.
