“Imprimí mis propios huesos”: el argentino que fabrica el futuro desde una impresora 3D

mayo 10, 2026
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Desde una impresora nacional que llegó a las escuelas técnicas hasta su propia prótesis ósea impresa en 3D, Tomás Chernoff, fundador de Che3D, lidera una revolución silenciosa que une el mundo físico con el virtual. Su historia y visión deslumbran en el streaming Emprendedores Argentinos.


En un país donde emprender es sinónimo de saltar obstáculos, Tomás Chernoff eligió un camino aún más complejo: fabricar el futuro desde cero. Literalmente. Fundador de Che3D, una de las empresas pioneras en impresión 3D en Argentina, Chernoff pasó por el programa Emprendedores Argentinos y dejó en claro por qué su historia inspira y sorprende.

“Me imprimí mis propios huesos para una cirugía”, lanza, sin rodeos. Y no es metáfora. Una lesión compleja en el hombro lo llevó a crear un modelo óseo personalizado que su cirujano usó para practicar antes del procedimiento. “El tomógrafo genera un archivo digital en 3D. Lo cargás en un software, eliminás los tejidos blandos y exportás solo el hueso. Después, lo imprimís. Así de simple”, explica, naturalizando lo que para muchos suena a ciencia ficción.

Pero su historia no empieza en un quirófano. Arranca en una oficina familiar, donde trabajaba como asistente administrativo para su padre, diseñador industrial y pionero en la impresión 3D en la región. “Veía a mi viejo con las impresoras y me parecía algo mágico”, recuerda. Pronto, esa fascinación se transformó en acción: se armó su propia impresora y comenzó a experimentar con maquetas para estudiantes. Así nació Che3D.

Con apenas 22 años, ya había diseñado y comercializado la ChePrusa, una impresora 3D nacional fabricada en Tierra del Fuego. “Tuvimos que armar una SRL para poder licitar en escuelas técnicas. Hoy todavía me mandan videos de gente imprimiendo con esas máquinas”, relata con una mezcla de orgullo y asombro.

Chernoff insiste en que la clave está en entender profundamente los materiales y procesos. “Sigo estudiando todos los días. Para innovar, tenés que dominar lo que estás tocando”, afirma. En Che3D hoy imprimen desde suelas de zapatillas hasta piezas para la industria automotriz y aeroespacial. “General Motors, Boeing… ya imprimen piezas críticas como turbinas. En esos sectores, la impresión 3D ya no es el futuro: es el estándar productivo”, asegura.

La charla con Emprendedores Argentinos también derivó en temas más provocadores. ¿Se puede imprimir carne? ¿Se pueden resolver problemas alimentarios con impresoras 3D? Chernoff es cauteloso: “Hoy es hype, no un negocio. La tecnología existe, pero es cara y lenta. Sirve más para fabricar órganos que para llenar góndolas”. Aun así, no descarta que antes de 2030 veamos órganos simples impresos en base a células madre.

Y cuando muchos se preguntan por el impacto laboral de esta tecnología, su mirada es pragmática: “No va a reemplazar millones de empleos como la inteligencia artificial, pero sí transforma industrias específicas. Y en eso, Argentina no está atrás”.

De hecho, asegura que nuestro país es líder regional en adopción de impresión 3D. “En un momento, Argentina compraba más impresoras per cápita que Brasil. ¡Los chinos no lo podían creer!”, dice entre risas. La razón: los vaivenes de importación obligaron a muchas empresas a buscar soluciones locales, y la impresión 3D fue una de ellas.

¿El futuro? Según Chernoff, está más cerca de lo que creemos. “Hoy describís lo que querés en Google con inteligencia artificial, y te genera un archivo 3D para imprimir. El día que eso se combine con impresoras hogareñas más simples y baratas, cualquier persona podrá fabricar lo que imagine”, anticipa.

Che3D ya no es un experimento: es una empresa consolidada que crece entre resinas, titanio y nuevas ideas. Y Tomás, su fundador, un puente viviente entre el mundo virtual y el físico. En sus palabras: “Somos el eslabón que transforma lo digital en realidad”.

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