El sector vitivinícola argentino se encuentra en una etapa de transformación que va más allá del reconocimiento por la calidad y la relación precio-calidad, para avanzar hacia el prestigio global del vino de alta gama. Históricamente potenciado por el Malbec, la industria busca construir etiquetas capaces de competir como productos de lujo en el mercado internacional, jugando con la identidad, el origen y la singularidad.
La estrategia incorpora nuevas prácticas como la elaboración de vinos de parcela y microterroirs, producciones limitadas y la diversificación hacia variedades como Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Chardonnay y blends. Este enfoque busca diferenciar el vino argentino resaltando su territorio y su historia, más allá del tradicional perfil del Malbec, para responder a intereses de consumidores globales premium que prefieren productos exclusivos y con identidad propia.
Institucionalidad y construcción de marca país
Para Jimena López Campos, enóloga de Andeluna, el desafío esencial es consolidar la marca Argentina como sinónimo de producción de vinos de alta calidad y de alta gama. “Hay un sector mundial que consume menos cantidad pero con mayor precio y calidad”, explica, por lo que define la “premiumización” como una tendencia que abre nuevas oportunidades.
Por su parte, Mauricio Ortiz, Chief Winemaker de Antucura, sostiene que el prestigio no se logra sólo con un precio elevado o un puntaje alto, sino con consistencia, historia e identidad. Destaca que la diversidad geográfica y climática argentina es un gran activo para construir una categoría de lujo con una historia reconocible y valorada mundialmente.
“El prestigio no se construye solamente haciendo un gran vino o poniéndole un precio alto. Se construye con tiempo, con consistencia, con una historia y, sobre todo, con identidad.”
Mauricio Ortiz, Antucura
Desafíos y perspectivas económicas
Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino (COVIAR), enfatiza la necesidad de combinar la estrategia del valor con el volumen, porque el segmento premium aún representa una pequeña porción del mercado local. El 90% de las ventas domésticas corresponde a vinos de precios inferiores a $10.000 por litro, por lo que, aunque el segmento de lujo es importante para la construcción de marca, la masa industrial depende del mercado de volumen.
En el sector exportador, Rada observa que la especialización en vino tinto fraccionado, con Estados Unidos, Canadá y Reino Unido entre sus principales mercados, es una fortaleza, pero también un área donde la diversificación y la premiumización pueden aportar mayor prestigio a la marca país. Advierte que el contexto de menor consumo mundial, influido tanto por cambios en hábitos como por aumentos sostenidos en precios, obliga a pensar en estrategias graduales y complementarias.
Philippe Caraguel, director y winemaker de Bodega Atamisque, destaca que la variada geografía argentina aporta un valor diferencial único. Su apuesta está en profundizar el vínculo entre vino y origen, buscando interpretar el terroir con microvinificaciones y análisis precisos del suelo para exaltar la singularidad de cada parcela.
“Podemos competir con Francia e Italia, con nuestra identidad sin emularlos.”
Philippe Caraguel, Bodega Atamisque
Finalmente, María Inés Amato, de Cumehue, plantea que el Malbec seguirá siendo central, pero que la industria debe hacer un mayor esfuerzo para que el mercado reconozca y pague por productos que están al nivel de las grandes etiquetas internacionales, apuntando a transmitir la identidad y exclusiva historia de cada vino.
Así, el vino argentino transita una carrera que comienza con la calidad demostrada y apunta a consolidar su prestigio global mediante una marca país fuerte, la valorización de sus territorios, la diversidad varietal y la construcción de productos con identidad propia para el segmento de alta gama y lujo.
