La Reserva Federal de Estados Unidos está revaluando la forma en que mide la inflación para obtener una señal más precisa sobre su dinámica, un desafío central para definir la política monetaria. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, ha puesto el foco en las percepciones tradicionales de inflación subyacente y busca afinar los índices para excluir las mayores oscilaciones de precios que podrían sesgar la interpretación de las presiones inflacionarias reales.
Desde la década de 1970, los bancos centrales han empleado el índice de precios al consumidor “núcleo”, que elimina alimentos y energía debido a su volatilidad, como una forma simplificada de captar la tendencia general. Sin embargo, este método puede ser demasiado toscamente estratificado, ya que no todos los precios excluidos tienen la misma volatilidad, ni todas las categorías mantenidas dentro son constantes. Por ejemplo, tarifas aéreas y habitaciones de hotel permanecen dentro del núcleo a pesar de su alta variabilidad mientras que algunos productos estables, como la comida en restaurantes, quedan afuera.
Mediciones más sofisticadas y granulares
Warsh prefiere utilizar «promedios recortados», que eliminan los extremos de aumento y baja de precios para enfocarse en el centro de distribución, y estudiar la amplitud o la dispersión general del fenómeno inflacionario. Estas técnicas buscan evitar que un puñado de productos con cambios de precios extremos distorsionen la evaluación.
Distintas investigaciones académicas y mediciones desarrolladas en las Fed regionales, como la de Dallas y Cleveland, respaldan estas aproximaciones. Se identificó que la mediana y los promedios recortados pueden predecir la inflación futura con mayor precisión que el índice núcleo tradicional. Aun así, persiste un riesgo: si los patrones de precios cambian, como en períodos de alta inflación, estas medidas pueden subestimar el fenómeno real al recortar incrementos genuinos que reflejan una inflación persistente.
Ejemplificando este desafío, en 2021 las medidas basadas en la mediana tenían un punto ciego que llevó a una subestimación de la inflación subyacente durante el súbito salto de precios. Warsh advirtió sobre esta limitación y enfatiza la necesidad de combinar índices tradicionales con datos más oportunos y granulares, como los obtenidos por el Billion Prices Project, un sistema que recopila millones de precios online diariamente para un análisis en tiempo real.
“Lo que realmente importa es lo que ocurre con el precio 500 millones y uno”,
Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal
Este acercamiento se orienta a capturar la tendencia central y eliminar efectos puntuales engañosos. Sin embargo, como también se advierte, no existe una regla perfecta para medir la inflación subyacente. La tentación de excluir ciertos precios puede volver a surgir el error cometido por Arthur Burns en la década de 1970, cuando excluyó arbitrariamente categorías completas que luego se reconocieron como indicativas de presiones inflacionarias reales.
Para las empresas y los inversores, entender cómo la Fed interpreta la inflación es crucial, porque impacta la toma de decisiones en inversión, fijación de precios y ajustes salariales. Una medición inadecuada puede conducir a políticas monetarias demasiado laxas o demasiado restrictivas, con consecuencias sobre crecimiento, empleo y estabilidad financiera.
Ante este escenario, los avances en medición, la incorporación de datos más detallados y la revisión constante de supuestos tradicionales apuntan a que la Fed mantenga una mirada más certera sobre la dinámica inflacionaria, uno de los pilares para orientar sus movimientos en las tasas de interés y las expectativas del mercado financiero.
