Don Adams es sinónimo de Maxwell Smart, el torpe pero carismático espía de la icónica serie de televisión El Súper Agente 86. Sin embargo, su verdadero logro no solo fue en la pantalla chica, sino la estrategia financiera que le permitió capitalizar su participación en la serie y multiplicar su patrimonio.
Antes del inicio del rodaje, Adams rechazó un sueldo semanal fijo de u$s12.500 y decidió optar por un esquema de participación en las ganancias, adquiriendo un 33% de las utilidades derivadas de la serie. Esta jugada se convirtió, con el correr de los años, en la clave para ampliar su fortuna, más allá de sus honorarios como actor.
Una decisión poco común en la industria televisiva
«El Súper Agente 86» fue inicialmente concebida con otro protagonista, pero cuando la cadena NBC eligió a Adams, le ofrecieron un trato comercial poco convencional. Su opción de recibir un porcentaje significaba asumir riesgos, pero también tener una fuente de ingresos continua acorde al éxito de la serie, que produjo 138 episodios en cinco temporadas.
Este esquema no solo le garantizó ingresos durante la emisión original, sino que las reposiciones y nuevas explotaciones de la serie siguieron generando retornos sustanciales sin que Adams tuviera que trabajar frente a cámara.
aunque la propiedad creativa correspondía a Mel Brooks y Buck Henry, la participación empresarial de Adams era inusitada para un actor y se transformó en una fuente de dinero que catapultó su patrimonio hasta una estimación de u$s15 millones.
Involucramiento operativo y control de costos
La posición de Adams trascendió la actuación: dirigió 13 episodios y colaboró como guionista en dos junto con su hermana, la también comediante Gloria Burton. Su interés se extendió hasta el presupuesto, revisando costos para optimizar gastos y proteger su rentabilidad.
“Como recibía una porción de las ganancias, los costos de cada capítulo también influían en el resultado económico.”
Don Adams
Un ejemplo claro fue cuando detectó un presupuesto de u$s12.000 para construir una morgue para una escena. Considerando la cifra excesiva, propuso alternativas más económicas, mostrando su enfoque integral en el negocio.
Adams también tuvo un rol físico en la producción: en una de las escenas sufrió la rotura accidental de la nariz durante una secuencia, evidenciando su compromiso con el producto final.
Sin embargo, su éxito financiero también tuvo un costo profesional. El público lo identificó tan estrechamente con Maxwell Smart que le resultó difícil diversificar su carrera actoral. A pesar de múltiples ofertas y proyectos posteriores, nunca logró repetir el impacto ni la rentabilidad del icónico personaje.
Asimismo, exploró actividades relacionadas, como la creación de una agencia de publicidad y la conducción de programas, además de continuar su carrera como actor de voz en proyectos como “Inspector Gadget”.
La historia de Don Adams es un claro ejemplo de cómo una decisión estratégica basada en la perspectiva empresarial puede producir un efecto multiplicador en la fortuna personal, especialmente en industrias creativas donde la participación en las ganancias es poco habitual.
