Los asistentes técnicos de Lionel Scaloni en la Selección Argentina, Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala, canalizan sus ingresos deportivos hacia la construcción y preservación de patrimonios mediante inversiones diversificadas y de bajo perfil mediático.
A diferencia de otros exfutbolistas que explotan su imagen en negocios de alta exposición pública, estos tres campeones del mundo optan por estrategias financieras orientadas a activos de largo plazo que reflejan prudencia y sostenibilidad, predominando el sector inmobiliario, el campo y activos conservadores.
La apuesta inmobiliaria de Pablo Aimar en Río Cuarto
Aimar impulsa el desarrollo Estancia Vicentina en su ciudad natal, un emprendimiento premium que incluye la urbanización de 160 lotes de 600 a 1.000 metros cuadrados sobre un predio total de 60 hectáreas. El proyecto ya logró colocar cerca del 40% de unidades en preventa, proyectando una rentabilidad cercana al 30% para los primeros inversores y ofreciendo financiación a 48 meses.El desarrollo apunta a un barrio boutique con servicios exclusivos como clubhouse, gimnasio y pileta climatizada, plus seguridad perimetral y acceso desde dos vías principales.
La estructura societaria muestra un componente familiar, con la familia Aimar controlando un 35% y socios estratégicos con el 65% restante. La elección de la ubicación responde a un corredor con potencial de expansión urbana, que podría verse potenciado por futuros proyectos de infraestructura vial, multiplicando el valor de la tierra.
El proyecto genera empleos locales directos, estimándose un pico de hasta 100 puestos de trabajo. La financiación del desarrollo no depende exclusivamente de las preventas, facilitando el avance independiente de la comercialización. Además, Aimar suma experiencia inversora en sectores tecnológicos, como su participación en el club español de esports Wygers.
Perfiles conservadores de Samuel y Ayala en Europa y el agro
Walter Samuel opta por mantener un patrimonio diversificado en Europa, centrado en activos inmobiliarios y financieros de perfil conservador. Su carrera en clubes italianos influyó en la consolidación de estructuras patrimoniales sólidas, con énfasis en la preservación de capital y liquidez, adaptable a su posible futura carrera como entrenador principal en Europa.
Roberto Ayala, en tanto, diversifica su patrimonio en el sector agropecuario, con inversiones en campos y actividades de producción agrícola-ganadera que funcionan como reserva de valor para el capital generado durante su extensa carrera. Su conocimiento en gestión deportiva potencia su acercamiento a proyectos de inversión productivos y sectorizados.
El común denominador entre estos exjugadores es que no persiguen la creación de imperios empresariales públicos, sino un crecimiento patrimonial sostenido y discreto. Así, en contraposición con figuras deportivas que construyen marcas y conglomerados, prefieren estrategias que aseguren la conservación y valorización de sus capitales a largo plazo.
En suma, los ayudantes de Scaloni ilustran modelos financieros basados en la diversificación de activos y la valorización de patrimonio que trasciende la exposición pública, con proyectos que, aunque modestos en escala pública, tienen un notable potencial económico y social en sus respectivas regiones y sectores.
