El ticket hormiga se impone cada vez más en los supermercados argentinos, con un 41% de las compras constituidas por pocos productos, entre uno y cinco, según un informe exclusivo de la consultora Scentia. Esta tendencia implica un desafío para las cadenas comerciales y fabricantes, que deben adaptar sus estrategias comerciales para revitalizar la facturación en un contexto de ralentización del consumo masivo.
El fenómeno no solo refleja una nueva modalidad de compra de los consumidores, sino que también obliga a empresas y supermercados a implementar tácticas para retener clientes y asegurar volumen. Dos casos recientes ejemplifican estas nuevas estrategias: una multinacional de alimentos y productos de limpieza ofrece descuentos adicionales de hasta un 8% para supermercados y mayoristas que adquieran pallets completos en una sola operación, enfatizando la búsqueda de volumen más que margen de ganancia.
Por su parte, una de las principales empresas alimenticias nacionales lanzó rebajas de hasta un 15% en pedidos anticipados de productos estacionales, además de permitir diferir pagos hasta diciembre manteniendo el descuento. Estas acciones implican una resignación temporal de rentabilidad con la intención de garantizar ventas futuras y superar a la competencia en un mercado exigente.
El crecimiento del ticket hormiga y su impacto en la facturación
El análisis de la consultora Scentia, basado en millones de tickets de supermercados y autoservicios, muestra que la proporción de compras con entre uno y cinco productos aumentó 4,4 puntos respecto al año anterior, mientras los tickets grandes con más de 15 productos se redujeron al 7,6%. Esta mayor frecuencia de compras pequeñas representa una nueva realidad donde los changuitos llenos son cada vez menos frecuentes.
Esta tendencia va acompañada por una caída en las ventas. En julio, las ventas en supermercados cayeron un 2,6% interanual, con descensos similares en autoservicios chinos y mayoristas. La esperada recuperación del consumo sigue retrasándose, lo que aumenta la presión sobre quienes operan en el sector.
Desde el ámbito gubernamental también se toman medidas para impulsar el consumo. Luis Caputo, ministro de Economía, flexibilizó el llamado cepo salarial y relanzó créditos hipotecarios con fondos públicos para incentivar la economía real, con un enfoque en reactivar sectores como el comercio y la industria ante la cercanía del ciclo electoral de 2027.
El contexto económico presenta una inflación en descenso, con estimaciones de entre 1,5% y 1,6% para agosto, la cifra mensual más baja en lo que va del año, lo que resulta positivo. Sin embargo, persiste la preocupación en empresarios por la débil demanda interna, que repercute directamente en menos ventas y menor movimiento en las cadenas comerciales.
“El «ticket hormiga» terminó convirtiéndose en mucho más que una estadística comercial. Es el síntoma más visible de una economía donde los precios empiezan a estabilizarse, pero donde la demanda todavía no encuentra la temperatura necesaria para volver a llenar los changuitos.”
Informe iProfesional
La conciliación entre inflación controlada y consumo discriminado conduce a una dinámica donde los consumidores optan por reducir la cantidad de productos en cada visita, repitiendo sus compras con más frecuencia. Esto transforma las estrategias de marketing y comercialización, que deben orientarse a captar la atención recurrente del cliente y optimizar la experiencia de compra con promociones selectivas y políticas de descuentos segmentados.
Así, la búsqueda de volumen y la fidelización de clientes en el sector supermercadista se redefine bajo el mandato del ticket hormiga, un fenómeno con amplio impacto en el modelo de negocio y en la forma de planificar las ventas, en un escenario donde cada punto porcentual de volumen facturado adquiere un valor estratégico.
