Leo But: Como emprender sin humo

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Leo empezó a trabajar a los 12 años, armó negocios en rubros muy distintos y hoy usa su experiencia para mostrar el lado menos romántico del emprendimiento: números, errores, socios, franquicias, flujo de caja, inteligencia artificial y decisiones incómodas.

La palabra emprender suele venir envuelta en una idea atractiva: libertad, independencia, horarios propios y la posibilidad de construir algo desde cero. Pero para Leo, emprendedor y creador de contenido, esa es apenas una parte de la historia. La otra, la que menos se muestra, incluye cartas documento, empleados, habilitaciones, costos fijos, socios, errores, deudas, márgenes chicos y decisiones que muchas veces se toman sin suficiente información.

“Todo el mundo quiere emprender, pero después se encuentra con la realidad de lo que es emprender”, dijo en Emprendedores Argentinos. Su mirada parte de una experiencia temprana: empezó a trabajar a los 12 años, repartiendo pizzas, colocando cortinas, repartiendo volantes y entrando a negocios de su zona para ver en qué podía ayudar o qué podía aprender.

Viene de una familia humilde y cuenta que desde chico quiso tener su propia plata para no ser una carga. “Siempre fui medio busca”, reconoce. Ese impulso lo llevó primero a moverse por necesidad y después a construir una cabeza emprendedora: detectar problemas, buscar oportunidades, vender, probar, equivocarse y volver a intentar.

Para Leo, emprender no empieza por elegir un producto porque parece lindo o porque está de moda. Empieza por una pregunta más básica: qué necesidad se puede cubrir o qué problema se puede resolver. “No es vender una taza porque tengo la mejor taza. Es entender si con esa taza estás cubriendo una necesidad”, explicó.

Esa mirada lo lleva a cuestionar una de las grandes trampas del mundo emprendedor: subirse tarde a una ola. Cafeterías de especialidad, canchas de pádel, franquicias o productos virales pueden parecer grandes oportunidades cuando todos hablan de ellos. Pero si no hay análisis, números y diferenciación, el riesgo es entrar cuando el negocio ya está saturado.

Uno de los puntos que más remarcó fue la falta de educación financiera. Según Leo, muchos emprendedores no saben calcular costos, márgenes, flujo de caja, punto de equilibrio ni precio de venta. Ven facturación, pero no entienden rentabilidad. Venden, pero no saben dónde se les va la plata.

“El detrás de escena es el 98% del negocio”, señaló. Ese detrás de escena incluye proveedores, competencia, canales de venta, costos, marketing, stock, atención, operación y capacidad para sostener meses difíciles. Para él, abrir un local sin espalda financiera es uno de los errores más frecuentes. No alcanza con tener la plata para iniciar: también hay que contar con varios meses de costos fijos y una estrategia para atraer clientes.

También fue crítico con algunas franquicias. Reconoció que pueden ser una buena puerta de entrada para alguien que quiere meterse en un rubro que no conoce, porque ofrecen marca, operación y comunicación. Pero advirtió que los mismos beneficios pueden transformarse en límites: el franquiciado no siempre puede modificar precios, comunicación, proveedores o estrategia.

“Terminás siendo símil empleado de la marca”, resumió. Además, explicó que muchas veces el canon de ingreso, los royalties y los fondos de publicidad parecen menores al principio, pero pesan fuerte cuando los márgenes son ajustados. Por eso recomendó estudiar a fondo la marca antes de invertir y no quedarse solo con los números promedio que presenta el franquiciante.

Su propio camino emprendedor empezó formalmente después de un quiebre personal. Trabajaba en una multinacional, había crecido dentro de la estructura y tenía beneficios importantes, pero la muerte de su cuñado le hizo replantearse el rumbo. Entendió que no quería postergar indefinidamente sus proyectos.

Renunció sin tener una gran estructura armada. Su capital era un Audi TT que podía vender para vivir algunos meses si todo salía mal. Con esa base lanzó Checkar, un servicio de chequeo vehicular a domicilio para autos usados. Al principio hacía todo él: respondía mensajes, coordinaba, iba a revisar autos, armaba informes y simulaba una estructura más grande de la que realmente tenía.

Con el tiempo aprendió a delegar, contrató mecánicos, asesores y empezó a construir equipo. Después llegaron otros negocios: Check Service, una empresa de auditoría externa con más de 100 auditores en todo el país; Salón Bardó, una peluquería con cafetería en Palermo; STR, un servicio premium de compra y venta de autos a domicilio; una hamburguesería en el Barrio Chino y una agencia de marketing orientada a contenido orgánico y marca personal.

Pero Leo no presenta su recorrido como una sucesión perfecta de aciertos. También habla de negocios que fundieron, sociedades que no funcionaron y errores que le costaron plata. Una de sus lecciones más claras tiene que ver con los socios: incluso cuando hay amistad o confianza, hay que hablar de roles, tareas, sueldos, responsabilidades y expectativas antes de empezar.

“Hay que tener la charla incómoda”, aconsejó. Para él, un contrato societario y una división clara de funciones pueden evitar conflictos que después destruyen negocios y relaciones personales.

En redes sociales, Leo encontró una forma de convertir esa experiencia en contenido. Su objetivo, dice, no es mostrar una vida perfecta ni vender humo, sino ayudar a que otros emprendedores cometan menos errores. Por eso habla de números, rentabilidad, franquicias, cuánto factura un negocio y qué hay detrás de una inversión aparentemente atractiva.

También decidió cuidar su marca personal. Asegura que no hace canjes, pautas ni promociones que no estén alineadas con sus valores. Incluso contó que rechazó ofertas muy altas de casinos online porque no quiere asociar su contenido con algo que considera dañino para muchas personas.

Hacia el final de la charla, apareció otro tema clave: la inteligencia artificial. Para Leo, los emprendedores que no se suban a esa ola van a quedar cada vez más lejos. No la ve como una moda, sino como una herramienta concreta para automatizar tareas, crear contenido, organizar estados de resultados, responder correos, generar guiones, analizar datos y vender servicios.

“Si no te subís, cuando te quieras subir va a ser muy tarde”, advirtió. Su recomendación para quienes quieren emprender hoy es clara: aprender inteligencia artificial, aunque sea desde herramientas gratuitas, y usarla para resolver problemas reales de otros emprendedores o empresas.

Aun así, no idealiza el proceso. Emprender, dice, no elimina los problemas: los agranda en proporción al crecimiento. Primero aparecen problemas de 10.000 pesos, después de 100.000, después de un millón. La clave está en no quedarse paralizado y preguntarse qué parte del problema se puede accionar.

Su conclusión es simple y directa: no existe el momento perfecto, no existe el producto perfecto y nadie entrega un diploma antes de empezar. Emprender implica lanzarse, equivocarse, aprender y volver a ordenar.

Porque, para Leo, el verdadero emprendimiento no está en la frase motivacional ni en el video viral. Está en entender los números, cuidar el margen, elegir bien a los socios, diferenciarse, usar la tecnología y aceptar que el camino es mucho menos romántico de lo que parece desde afuera.

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