Vive en China y cuenta que Milei se convirtió en “santo” en Beijing

febrero 23, 2026
Por
2 min de lectura

En 2009, un peso argentino valía dos yuanes. Hoy, un yuan ronda los 200 pesos. Para Brian González, que vive en China hace casi 17 años, esa comparación resume dos mundos económicos que parecen incompatibles.

Se fue a los 18 años desde San Vicente, provincia de Buenos Aires, con una beca para estudiar idioma. Hoy vive en Beijing, habla mandarín con fluidez, fue panelista en televisión explicando la inflación argentina a millones de chinos y maneja tres empresas en uno de los mercados más competitivos del planeta.

Pero lo que más sorprende no es su historia personal. Es cómo China mira a la Argentina.

“Milei se convirtió en santo”

Durante la campaña presidencial, Javier Milei era visto en China como un dirigente hostil hacia el gigante asiático. “Lo veían como un loquito”, cuenta González. Sin embargo, tras asumir, el discurso cambió.

Con la apertura comercial y nuevos acuerdos para exportar más carne —y más barata— a China, los precios del producto bajaron en ese país. “Gracias Argentina. Gracias Milei”, escuchó decir en televisión. En redes sociales chinas comenzó a circular un apodo inesperado: “Mi Man”, una forma coloquial de decir que Milei se convirtió en una especie de “santo” económico para los consumidores chinos.

Mientras en Argentina el debate es político e ideológico, en China la lectura fue pragmática: más comercio, más oferta, precios más bajos.

Abrir una empresa en una semana

Si algo impacta en su relato es la facilidad para emprender. “Le pagás a un agente, te hace todo y te olvidás”, explica.

En China continental abrió su empresa en una semana. Pasaporte, nombre comercial y dirección. Nada más.

En términos impositivos, el contraste es aún más fuerte: las pymes pagan entre 1% y 3% de facturación. Y si no hay ganancias, no se pagan impuestos. “Es lo lógico”, dice. La frase, simple, expone la distancia cultural.

Seguridad y servicios 24/7

Otro diferencial es la seguridad. “En el lejano oriente podés caminar con dinero en la mano y nadie te hace nada”, asegura. No habla solo de China, sino de buena parte de Asia.

A las tres de la mañana, pudo pedir por una app arena y comida para un gato recién rescatado. Entrega inmediata. Servicio permanente. Escala masiva.

Inflación: algo que no logran entender

Cuando explicó en televisión que el peso pasó de 2 yuanes a una fracción ínfima en menos de dos décadas, los panelistas chinos no podían creerlo.

“¿Cómo podés vivir así?”, le preguntaban. China pelea contra la deflación; la inflación argentina les resulta casi incomprensible. El concepto de refugiarse en dólares tampoco encaja en su lógica cotidiana.

Tecnología como estrategia nacional

En China ya se paga con reconocimiento facial o con la palma de la mano. Los robots empiezan a ocupar espacios laborales. Para González, la apuesta es clara: frente al envejecimiento poblacional, el país profundizará inteligencia artificial y automatización para sostener su economía futura.

No es ciencia ficción: es planificación a 30 años.

¿Volvería a Argentina?

La respuesta es honesta. Sí, pero con condiciones. “No bajaría mi nivel de vida”, dice. Volvería si puede mantener estabilidad, proyección y capacidad de ahorro.

Su mirada no idealiza a ningún país. Reconoce avances y falencias en ambos lados. Pero deja una conclusión implícita: mientras Argentina debate crisis, China ejecuta estrategia.

Y en ese tablero global, un argentino explica inflación en mandarín y ve cómo, del otro lado del mundo, un presidente argentino puede convertirse —literalmente— en “santo”.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Lo último de Blog

No te lo pierdas