En 2020, en plena pandemia, Nicole Barat tomó una decisión que no tenía vuelta atrás. Dejó su carrera corporativa en Telecom, cobró una indemnización de 600.000 pesos y la invirtió completa en un proyecto propio. No fue un impulso. Ya tenía el Instagram armado, diseñadora contratada y modelo de negocio pensado. Solo faltaba firmar e irse.
“Quiero dejar de ascender, quiero tener algo propio”, se dijo. Y ejecutó.
Así nació NIKI Beauty Bar, que comenzó como un salón integral de estética y rápidamente encontró su foco: uñas. La decisión no fue romántica, fue estratégica. Prueba y error. El cliente marcó el rumbo. Un 80% de la demanda estaba ahí. El diferencial no sería solo el servicio, sino la experiencia: café personalizado, estética cuidada y procesos estandarizados.
Mientras muchos salones abrían y cerraban en meses, su marca resistió. En un rubro de alta rotación, Barat apostó a volumen, comunidad y reinversión total. Durante años no retiró ganancias. Todo volvió al negocio.
Desde el inicio pensó en grande. No abrió un local para “tener un local”. Su objetivo eran franquicias. Tras consolidar sucursales propias, participó y ganó un reality de expansión de marcas. La exposición aceleró el plan. Hoy lidera una red con más de 120 personas, entre sucursales y franquicias, con entre 700 y 1000 clientas mensuales por local.
El modelo combina cuatro ejes: stock, finanzas, marketing y formación constante del recurso humano. La capacitación interna es obligatoria. La marca se construye desde los procesos y desde la cultura.
En paralelo, profesionalizó la estructura. Armó una casa matriz con equipo propio. Once personas sostienen la operación. Con bases sólidas en Argentina, prepara el desembarco en Miami, inicialmente con locales propios y foco en comunidad latina.
Barat no romantiza el camino. Habla de crisis cambiarias, meses de incertidumbre y errores societarios. Pero insiste en una constante: orden financiero, foco en punto de equilibrio y velocidad de acción. “Si el primer mes no funciona, difícilmente cambie después”, sostiene.
Su liderazgo tiene un componente explícito: autoestima y disciplina. Rutinas, entrenamiento, claridad mental. La marca, asegura, es extensión de su identidad.
De una indemnización a una red en expansión internacional. El salto no fue suerte. Fue visión, ejecución y sistema.
