La fundación que convierte la discapacidad en trabajo, sueldo y autoestima

noviembre 13, 2025
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En la Argentina, conseguir trabajo ya es difícil para cualquiera. Mucho más para quienes cargan con un diagnóstico de discapacidad, un retraso leve o una enfermedad psiquiátrica que les complica terminar el secundario, sostener una carrera universitaria o simplemente salir de su casa. Ante ese escenario, María Gabriela Mundín eligió no resignarse: creó espacios concretos donde se trabaja, se aprende y se construye independencia real.

Hace 18 años fundó Fundación Pertenecer. Terapista ocupacional de formación, siempre se especializó en inclusión laboral. Su primera experiencia fue en los años 90, en una institución donde lograban que muchos jóvenes fueran incorporados en distintas empresas. De ahí nació la pregunta que terminó marcando su vida profesional:
¿qué pasa con quienes no alcanzan esos estándares, pero también quieren y necesitan trabajar?

La respuesta fue crear un lugar propio para ellos: jóvenes con discapacidad mental y componente psiquiátrico, con retrasos leves pero atravesados por enfermedades que les frenaban el camino justo cuando parecía empezar —al terminar el secundario o al iniciar la facultad—. “El rol más importante para el joven y el adulto es el trabajo, es lo que nos dignifica absolutamente a todos”, resume Mundín.

Del taller protegido al mundo real

Con el tiempo, Pertenecer fue sumando espacios de entrenamiento laboral dentro de la fundación: talleres de panadería, gastronomía y chocolatería donde los participantes aprenden a producir, sostener horarios, asumir responsabilidades y controlar la calidad de lo que hacen. Pero el salto clave vino de la mano de un acuerdo con el municipio de San Isidro: una cafetería abierta al público como espacio real de entrenamiento.

No se trata de una actividad simbólica:

  • Los jóvenes hicieron cursos de barismo para preparar café.
  • Se formaron en gastronomía para elaborar lo que se vende.
  • Aprendieron panadería para producir todos los productos que luego salen al mostrador.
  • Se entrenaron para atender clientes, manejar dinero, viajar en colectivo y sostener una jornada laboral, con días buenos y malos, como cualquier trabajador.

La cafetería funciona desde hace seis años y atravesó incluso la pandemia. Cuando todo se frenó, los jóvenes aprendieron a producir desde sus casas, mientras la fundación organizaba recorridos para retirar esos productos y mantener abierto el bar. Ese esfuerzo compartido, cuenta Mundín, hizo visible cuánto valoran ese empleo tanto ellos como sus familias.

Una capacitación integral para salir a la vida

El recorrido dentro de la fundación empieza siempre con una derivación profesional: los jóvenes llegan con diagnóstico previo realizado por psiquiatras u otros especialistas. Luego, el centro de día de Pertenecer realiza el proceso de entrenamiento y evaluación, y recién después se avanza hacia los espacios laborales internos o la cafetería.

“En definitiva, lo que hacemos es una capacitación para salir a la vida”, explica Mundín. No se trata sólo de enseñarles un oficio:

  • Se trabaja sobre la rutina y la responsabilidad.
  • Se los acompaña en los miedos de viajar solos.
  • Se sostiene un seguimiento terapéutico constante para intervenir cuando algo se complica.

El trabajo con las familias es clave. Sin su acompañamiento, el proceso no es posible. No todas pueden sostener lo mismo, aclara Mundín, y por eso también se respeta “hasta dónde cada familia puede acompañar”. Al mismo tiempo, la Fundación pone especial énfasis en generar grupos de pertenencia y en conocer muy bien a cada persona para definir en qué área puede desempeñarse mejor.

Con los años, incluso dejaron atrás la lógica rígida de “un joven por área” para pasar a un modelo más exigente, pero también más realista: todos deben aprender todas las áreas, porque el mundo del trabajo pide flexibilidad. En los momentos de mayor demanda, cada uno se ubica donde mejor funciona, pero la base es común: entender que en un empleo hay que adaptarse.

Empresas, miedos y oportunidades

El puente con el sector privado se fue construyendo de a poco. La inclusión laboral sigue siendo, para muchas empresas, “un mundo desconocido”. El principal temor es claro: que si la persona no responde, haya un daño en la imagen de la organización.

Ahí aparece el rol silencioso pero decisivo de Pertenecer. La fundación:

  • Acompaña a la empresa y a la familia.
  • Hace seguimiento en el puesto de trabajo.
  • Interviene si algo no funciona.
  • Incluso ha tenido que retirar jóvenes de determinadas tareas, trabajando el proceso de desvinculación para que sea cuidadoso y respetuoso con todos los involucrados.

“Si es difícil desvincular a una persona sin discapacidad, imagínense una persona con discapacidad”, reconoce Mundín. Ese apoyo integral es uno de los puntos más valorados por las compañías, más allá de las exenciones impositivas y beneficios fiscales que existen a nivel nacional, provincial o municipal, pero que no son —según ella— el motor principal de estas decisiones.

Con los años, nota un cambio cultural: cada vez hay más apertura. La generación más joven ve a las personas con discapacidad como pares: compañeros de escuela, amigos, colegas. Un ejemplo concreto lo ve en su propio bar, donde un grupo de encargados de 20 años trabaja codo a codo con chicos y chicas con discapacidad sin conflicto ni prejuicio.

Independencia, deseo y una casa abierta a la comunidad

Uno de los desafíos más grandes para las personas con discapacidad es la independencia: económica, académica, de movilidad. Desde la fundación, el objetivo es que sean ellas mismas las que vayan pidiendo más responsabilidades. “Generalmente ellos son los primeros que te dicen: ‘Yo quiero hacerlo, ya estoy listo’”, cuenta Mundín.

Más que el dinero en sí, lo que los mueve es el reconocimiento de poder, la sensación de que son capaces, de que aportan algo valioso. Ese motor, dice, es el mismo que nos mueve a todos: querer progresar, tener amigos, trabajo, un círculo de afecto.

Hoy Pertenecer enfrenta un nuevo desafío: transformar su sede de Martínez en una Casa Club. La idea es romper con el modelo clásico de dispositivos cerrados de discapacidad o salud mental y abrir espacios mixtos donde convivan:

  • Personas con discapacidad.
  • Personas con problemas de salud mental.
  • Personas mayores.
  • Vecinos y vecinas sin diagnóstico que quieran participar de talleres o actividades.

El objetivo es claro: dejar de tener a los jóvenes “todo el tiempo institucionalizados” y generar un lugar donde la comunidad pueda encontrarse, compartir actividades y derribar prejuicios desde la experiencia cotidiana.

Empatía que se aprende haciendo

Quien quiera colaborar con la fundación puede hacerlo a través de la página web, en la sección “Pertenecer Donando”, con aportes económicos. Pero hay otra forma de apoyo que es central en la identidad de la organización: las campañas solidarias que impulsan junto a los propios jóvenes.

Todos los años, Pertenecer organiza una campaña de Navidad, recolectando juguetes y golosinas para llevar a hogares y centros comunitarios. No se trata solo de dar, sino de que los jóvenes vean de cerca la necesidad en otros. “Si no, muchas veces quedamos en el lugar de que solo nosotros tenemos que recibir porque somos un grupo vulnerable”, dice Mundín.

Por eso suben a la camioneta, se disfrazan de Papá Noel y salen a repartir. La escena se repite año tras año, pero nunca se vuelve rutina: los chicos van felices. Esa salida es tan importante como cualquier taller, porque pone en práctica una palabra que atraviesa toda la historia de la fundación: empatía.

En un país donde incluir sigue siendo una deuda pendiente, la experiencia de Fundación Pertenecer demuestra que la inclusión no se declama: se diseña, se organiza y se trabaja todos los días. En una panadería, en una cafetería, en un taller, en una casa club abierta al barrio. Donde la discapacidad deja de ser un límite y se transforma en motor para construir comunidad.

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