De pelar papas a liderar una empresa de logística: la historia de Fixy

octubre 8, 2025
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El punto de partida: un chico de Lanús con hambre de futuro

Maximiliano Saavedra creció en Lanús, en una casa de techo de chapa, donde un ropero separaba su habitación de la de sus padres. Su madre limpiaba por hora; su padre, taxista, trabajaba jornadas interminables. Pero había algo que no faltaba en ese hogar humilde: la determinación.

“Mis viejos trabajaron muchísimo para que pudiéramos ir a un colegio privado”, recuerda. Esa mezcla de esfuerzo y aspiración lo marcó. De chico, se destacó como alumno: competitivo, curioso, el que seguía preguntando cuando todos querían irse. Sin embargo, mientras sus compañeros se iban a Bariloche, él se quedaba en casa. Y ahí tomó una decisión que sería la primera de muchas: buscó trabajo.

A los 17 años, consiguió empleo pelando papas en un restaurante de Once. “Yo pensaba que iba a estar en la caja o atendiendo, pero terminé en el subsuelo con las papas”, dice entre risas. No le alcanzaba el dinero, así que empezó a comprar ropa en La Salada para revender entre sus amigos del colegio. Sin saberlo, estaba dando sus primeros pasos como emprendedor.


La primera gran crisis: éxito sin sentido

El tiempo pasó, y ese joven trabajador se convirtió en un profesional. Estudió Comercio Internacional y consiguió lo que parecía el sueño de cualquier familia de clase trabajadora: un puesto en un banco, un auto, un departamento, pareja estable, hasta un perro. “Había tildado todas las casillas”, cuenta. “Y era inmensamente infeliz”.

A los 30 años, Maximiliano atravesó una crisis que lo obligó a mirarse de frente. “Había construido la vida que me dijeron que tenía que construir, no la que yo quería”, confiesa. Un día, mientras bajaba las escaleras del subte en Plaza de Mayo, decidió que no podía seguir así. Subió, tomó el colectivo 45 y volvió a la casa de sus padres. Con la ropa que tenía puesta, renunció no solo a su trabajo, sino a una identidad que ya no lo representaba.


Del banco al subsuelo: el fracaso que lo despertó

Sin plan B, aceptó una propuesta para sumarse a una distribuidora de bebidas. Invirtió sus ahorros, su indemnización y sus ilusiones. El resultado fue devastador: se fundió. “Pensé que iba a ser CEO de una distribuidora y terminé repartiendo gaseosas en una Partner con la puerta chocada”, recuerda.

Una tarde, mientras juntaba botellas rotas en el suelo, un excompañero del banco lo reconoció:
—Maxi, ¿qué hacés ahí?
—Después te cuento —respondió, avergonzado.

Fue un golpe al ego, pero también un punto de inflexión. “Ese día entendí que no sabía lo que estaba haciendo, pero estaba buscando un nuevo camino”, dice.


Cuando todo se derrumba… y nace una idea

Endeudado y viviendo gracias a la ayuda familiar, descubrió algo entre los clientes a los que les vendía bebidas: muchos necesitaban crédito flexible para sostener sus pequeños comercios. Y aunque no tenía dinero, tuvo una idea.

Con la plata que sus padres le habían prestado para pagar sus deudas, decidió —en secreto— prestarla. “Cuando se enteraron, mi papá pensó que me drogaba”, cuenta riendo. “Pero yo les dije: ‘Voy a crear una financiera’”.

Era diciembre de 2016. Tenía 29 años, cero capital y un modelo de negocio armado en una hoja. Su madre, aunque desconfiaba, terminó ayudándolo: “Salía a repartir mis volantes escondida”, recuerda Maxi. Así empezó su primera empresa de créditos a comerciantes, el embrión de lo que años más tarde sería Fixi Logística.


El currículum pegado en el taxi

La historia de Saavedra tiene otro capítulo inolvidable. Antes de llegar al banco, trabajaba de noche manejando el taxi de su padre y de día estudiaba. Para conseguir empleo formal, imprimió su currículum y lo plastificó. Luego lo pegó en el lugar donde debía estar la ficha del conductor.

“Mi viejo me decía: ‘Estás loco, te van a robar los datos’”, recuerda. Pero un día, una pasajera lo vio, le pidió el CV y lo recomendó para una entrevista. Así fue como pasó del taxi al décimo piso de un banco en Puerto Madero, frente al río. “Había pasado de manejar un taxi a mirar la reserva ecológica desde la oficina. Fue un salto enorme”.


El nacimiento de Fixy y la filosofía del esfuerzo

Hoy, Maximiliano Saavedra lidera Fixy Logística, una empresa que procesa miles de envíos diarios en el AMBA, integra logística con cobranza digital y acaba de expandirse a Paraguay. Además, desarrolló una billetera que permite pagar al momento de la entrega: “Nosotros no solo entregamos: también cobramos”, resume con orgullo.

Su historia es la de un emprendedor que entendió que el éxito no es cuestión de suerte, sino de persistencia. “El emprendedor se mide por la capacidad de sostener una acción día tras día, aunque el entorno no ayude”, afirma. “No trabajo por plata. Mi motor es ver hasta dónde puedo llegar, hasta dónde puedo liderar un equipo, hasta dónde puedo hacer que Fixi trascienda”.


Una lección argentina

Desde un subsuelo pelando papas hasta un centro logístico que opera con tecnología propia, el recorrido de Maximiliano Saavedra es, sobre todo, una historia de resiliencia. “No venía de una familia emprendedora”, dice. “Por eso estos espacios son tan valiosos: nos hacen sentir que no estamos solos”.

En su voz hay algo del ADN emprendedor argentino: el de quien, pese a todo, sigue. “Porque cuando uno está mal, tal vez no sabe lo que quiere —dice Maxi—, pero sí sabe lo que no quiere más para su vida”.

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