Claudio Cosano no empezó en la moda desde un lugar de privilegio. Viene de una familia humilde de Caballito, con una madre que crió sola a cuatro hijos, y desde chico tuvo una idea fija: quería salir adelante. Su plan inicial era estudiar arquitectura, pero mientras trabajaba para pagarse la facultad y ayudar en su casa descubrió otro camino.
Primero fue por intuición. Miró cómo se trabajaban las telas, aprendió moldes, empezó a coser y a vender prendas en el barrio. Así arrancó un recorrido completamente autodidacta. Cortaba, cosía, planchaba y vendía él mismo. Hasta que una clienta le pidió un vestido de novia y aceptó, aun sin experiencia en alta costura. Ahí apareció uno de sus primeros golpes de efecto: ideó un paraguas hecho con la misma tela del vestido para la entrada de la novia. La escena impactó y empezó a darle visibilidad.
El gran salto llegó poco después, cuando Carmen Yazalde vio su ropa y lo conectó con Susana Giménez. Cosano la recibió en un atelier muy precario, con un probador improvisado en un lavadero tapado con telas. Sin embargo, Susana eligió varias prendas y el lunes siguiente ya estaba vestida por él en televisión. En una época sin redes sociales, esa exposición fue decisiva. Más tarde llegaron Mirtha Legrand y muchas otras figuras.
Pero su historia no se sostiene solo en anécdotas famosas. Se sostiene en una lógica de trabajo. Cosano repite una idea que considera central para cualquier emprendedor: creer en uno mismo, trabajar mucho y avanzar con paciencia. Nunca se apuró a vender humo. Fue creciendo paso a paso, reinvirtiendo lo que ganaba, mudándose a lugares más grandes y construyendo una marca con identidad propia.
Hoy sigue defendiendo el mismo criterio. Prefiere vender menos antes que resignar calidad. Para él, el prestigio no está en el ruido, sino en la excelencia del producto, el servicio y la experiencia. Por eso, en su atelier cada clienta atraviesa pruebas, ajustes y una atención muy personalizada. El nombre Claudio Cosano, dice, se cuida todos los días.
También mira con preocupación el presente de la industria textil argentina. Aclara que no está en contra del libre comercio, pero sí plantea que la competencia debe darse con reglas justas. En su caso, el lujo a medida le permite resistir mejor, aunque igual advierte que el sector está golpeado y poco valorado.
Después de más de 30 años de carrera, Cosano sigue defendiendo una forma de hacer. Menos atajo, más oficio. Menos volumen, más calidad. Menos discurso, más trabajo. Y tal vez por eso su historia todavía funciona como una referencia concreta para cualquiera que quiera emprender en serio.
